⚽️ El relato de Marcelino tras la eliminación en Champions vuelve al mismo punto: la falta de contundencia en las áreas. El asturiano insiste en que el equipo “mereció más”, que solo le generaron “tres ocasiones claras” y que la competición ha sido “muy cruel” con sus jugadores. Pero los números son tozudos: nueve goles encajados en casa en Europa hablan de un problema estructural, no de mala suerte puntual. Si una y otra vez te remontan, no es solo cuestión de pegada: es de gestión de partido y de fragilidad competitiva.
💪 El técnico defiende al grupo (“no tengo nada que reprochar”, “el esfuerzo ha sido enorme”) y señala detalles: gol en propia puerta, portero rival determinante, ida y vuelta mal resuelto. Sin embargo, el patrón se repite: el equipo no cierra los partidos cuando domina, se desordena tras los golpes (lo admite al hablar del incidente en la grada) y termina pagando caro cada pequeño error. Hablar siempre de “racha” y de “crueldad” corre el riesgo de diluir la autocrítica real que requiere un proyecto que presume de 41 puntos en Liga, pero que no ha estado a la altura en Europa.
👉 La otra fotografía incómoda está en la grada: media entrada en un partido de Champions. Marcelino lo asume con sinceridad (“habrá que ganar más partidos para llenar el campo”), pero ese dato es una radiografía del vínculo actual entre equipo y afición: respeto, sí, pero poca ilusión. Si Villarreal quiere dar un salto competitivo, no basta con decir que “hay que hacer borrón y pensar en La Cerámica ante el Madrid”: hace falta corregir la gestión de las áreas, reforzar la mentalidad en los momentos críticos y ofrecer algo más que el consuelo de haber “competido” mientras la Champions se escapa por enésima vez.
